Tengo el inmenso placer de poder hablar de mi gran maestro, Antonio Enjuto Rojo.
Con más de 40 años dedicado a las artes marciales, ha sido poseedor de altos grados y maestrías en muchas disciplinas. Obteniendo el reconocimiento a nivel nacional e internacional por toda la comunidad marcial, considerado un maestro de maestros.
Hombre de constitución física fuerte, esa que da tener que trabajar desde bien niño en el campo, para más tarde tener que migrar a Suiza. Enérgica, vigorosa, de fuertes convicciones sociales, de palabra escasa, con semblante recio pero cercano. Afable, bonachón, de ojos pillos, huidizo en enfrentamientos con los suyos. Desordenado, honrado, humilde, un hombre en constante búsqueda de la perfección, siendo este consciente de jamás poder alcanzarla.
La primera vez que le vi, me pareció un gigante. Sus manos, su cuerpo, un guerrero, con aquel ceño fruncido marcando con voz ruda, sus “HiiiiÍp!”. Marcando así el tempo a los alumnos que realizaban las kata, corrigiendo sus movimientos entre trabajo y sonrisas.

Sergio Rojo – Antonio Enjuto
No tardó mucho en darse cuenta que andaba allí escondido, observando. Menos aún tardó en invitarme a pasar, con miedo y balbuceando, dije sí. Así que dicho y hecho, allí un enano asustadizo, delgado y enclenque, entraba por primera vez al dojo del maestro. Jamás se me olvidará, esa mi primera clase, caídas, proyecciones, algo de kata y Randori marca de la casa. Terminé mi clase saliendo despedido del tatami por medio de Fernando y su gran Yoko-Gueri. Cabía esperar que se me acercara y me preguntara si me había gustado, sin más terminó la clase y entró la siguiente clase, un quinta más mayor, me miró y con esa sonrisa pícara y sus ojos rasgados, me invitó a recibir esta nueva clase. Aún magullado del Randori, me quedé y creo que desde ese día jamás he vuelto a salir.
A lo largo de sus muchos años de enseñanza, demostró a sus alumnos de su BUDO. Todo aquel que tuvo la oportunidad de entrenar con él, percibió que la palabra maestro alcanza su plenitud cuando empieza su movimiento.
Técnica
Aplicada
“Su verdadera naturaleza era mostrar que siempre hay opciones, que el sistema se adecua a nosotros.”

Su especialidad sin duda es la Técnica Aplicada, donde en una clase normal de gimnasio podía realizar más de 30 técnicas distintas. Trabajando así la memoria coreográfica, sí, pero su verdadera naturaleza era mostrar que siempre hay opciones, que el sistema se adecua a nosotros.
Nunca le vi explicar distinto una técnica a un hombre que a una mujer, ni al alto del bajo, para él ese trabajo, forma parte del aprendizaje. Para explicar esta forma de trabajar siempre recuerdo los incesantes, “profe esto no sale”, o “pero si…” el maestro siempre respondía de la siguiente manera, realizaba 10 o 12 técnicas distintas posibles para la misma duda y después con calma decía “una técnica siempre es perfecta, si es aplicada de forma correcta y en su momento, el problema, es que el practicante no ha conseguido adecuar esa técnica a sí mismo”.
La técnica se convierte en verdadera precisión, ese es Antonio Enjuto, trabajo, esfuerzo y perseverancia.
Como docente, más de 40 años trabajando, tanto con niños como con adultos, a lo largo de los años su método de enseñanza como el de los demás entrenadores fue cambiando adaptándose a las necesidades de la sociedad, suavizando sus maneras y sus formas.
Pero en su interior de forma arraigada, estaba la clara idea de que el tesón, la perseverancia, el esfuerzo y la autodisciplina, son las cualidades que se deben trabajar por ser bien necesarias, para el conocimiento y resolución, de los fracasos, los miedos, las dudas y las debilidades.

Maestro y Familia
Este camino de trabajo real e imprescindible que a veces es amargo y doloroso, se hacía suave y amable con sus indicaciones, sus maneras y con la constante atención de la que solo los grandes hacen gala.
Me gustaría resaltar el gran trabajo y dedicación que siempre mantuvo en la difusión de las artes marciales, gracias a su trabajo hemos podido conocer, muchos de nosotros a otros grandes maestros, otras maneras de “mirar” las formas y enriquecernos, empezando así a buscar nuestro propio BUDO.
Puede ser que esta sea la mayor aportación de este mi maestro al mundo de las artes marciales, que su verdadera enseñanza era o es el BUDO, aun cuando no era conocedor, de entender esta visión de las artes marciales.
El Camino del Budō
Esa es la esencia de este gran maestro que invito a que conozcáis y estudiéis, porque posiblemente es uno de los grandes BUDOKAS de nuestro tiempo.
Como veis para mí Antonio no es solo mi maestro, sino quien me enseñó un camino, quien me acompañó durante muchos años, el que me dejó marchar cuando mi camino se separó, y lejos de censurarme me ayudó en todo aquello en lo que pudo.
A él le debo el comienzo de mi BUDO.
Sergio Rojo Caminos